En 1929, un publicista vendió los cigarrillos a las mujeres como "antorchas de libertad".

Edward Bernays, contratado por una tabacalera, organizó que varias mujeres fumaran en público durante un desfile en Nueva York y avisó a la prensa. Los periódicos lo presentaron como un gesto de igualdad. Parecía espontáneo; estaba diseñado.