Nadie ha podido escribir las reglas exactas para reconocer un gato en una foto.

Orejas puntiagudas, bigotes, cuatro patas: cualquier lista falla con un gato de espaldas, dormido o en la oscuridad. La salida fue cambiar la pregunta: en vez de escribir las reglas, mostrarle a la máquina millones de ejemplos y dejar que las descubra.